EL GUADIANA DE LA RUMBA CATALANA / Mingus B. Formentor (1988), 08/03/2008


Mingus B. Formentor

EL GUADIANA DE LA RUMBA CATALANA / Mingus B. Formentor (1988)

Calí, femenino de caló, recta y claramete gitana. ¿Qué donde se halla ese asfalto que transmite el trepidar rumbero? Aquí mismo, bajo nuestros pies, en el cogollito de Barcelona y aledaños metropolitanos, de modo muy especial los que acogen arenas maresmeres. En este preciso instante quizá cueste lo suyo detectarla a simple oído. Hoy, captarla deviene un trabajo de precisión, propio de exploradores aguerridos y expertos, de indios avezados a descubrir caballos de hierro pegando la oreja en los raíles mientras elevan el corazón hasta las reconfortantes praderas de Manitú. Pero no siempre fue así. Ni lo será. Esa rumba calí se sintonizaba a la perfección en un ayer bien cercano y lleva camino de repetir jugada en el próximo futuro. Al tiempo.

La rumba de aquí, catalana y calí, no es flor de cuatro días para acá. A decir verdad, es de no menos de treinta años para allá, lo que la faculta plenamente para auscultarla con guiño histórico. Por lo demás, quede puntualizado desde buen comienzo que no es tema baladí, y aténganse al aviso los navegantes con las cartas de marear más mareadas que una sopa. Otrosí, la rumba catalana ha vivido días de esplendor que están en la memoria de los pocos que han logrado sortear con éxito la plaga amnésica posreformista.

Puesto ante el brete de elegir su canción catalana preferida (o la mejor según su criterio, pues es matiz éste que me resulta borroso), contestó Raimon años atrás: El mig amic. Considero que tal respuesta honra tanto a Pere Calaf Pubill, Peret para el arte, autor de semejante pedazo de poema (ritmado en rumba, como bien habrán supuesto), como a Raimon por la enorme finura estética y ética de su elección. Conceptualmente, Raimon dio en la diana, encumbró a categoría de arte un potentísimo folklore urbano contemporáneo que tiene por cuna y sostén Barcelona: la rumba catalana, la rumba del ventilador.

La rumba que coneixem
no és de la Xina ni del Japó.
La nostra rumba de Barcelona
viu marejada de voltar el món.
La rumba neix al carrer
filla de Cuba i d'un gitanet
i sa germana que és l'havanera
és gronxadeta entre mariners

(Gato Pérez, Rumba de Barcelona)

No hay la menor duda. Esa rumba (sustancialmente distinta a la cubana, la congoleña, la andaluza o la chunguera) es un género musical barcelonés de pies a cabeza. Sus orígenes cronológicos, mediados de los cincuenta. Sus casas paternas, Gràcia, El Portal (calle de la Cera y flecos) y Hostafrancs. Su fisonomía, una fusión de cantes levantino-andaluces de aire liviano y las claves básicas de la música afrocubana. Sus señas antropométricas, ritmo de 4/4, patrones de son y guaracha. Su vestuario instrumental, bongós, güiro, guitarra española, amén de voces y palmas, al que con el tiempo irían incorporándose timbales, congas, pequeñas percusiones, piano, vientos, bajo eléctrico y teclados electrónicos.

Los tres enclaves ciudadanos citados conocen asentamientos gitanos estables desde hace poco más de siglo y medio. En la actualidad su censo conjunto ronda las 2.500 almas. Comunidad catalanoparlante en un su integridad, como las que se asientan en Vic, Tàrrega, Lleida o la Camarga, usa esta lengua, además del castellano y el caló, en sus obras sonoras. La tradición es sólida. Los gitanos catalanes de hoy son descendientes de los que a principio del presente siglo inspiraron la obra teatral de un hombre tan notable como mal recordado, Juli Vallmitjana i Colominas, quien, entre otras notables aportaciones, nos dejó un estimulante vocabulario de caló catalán. En las tatarabuelas o bisabuelas de las bellas gitanas que revolotean alrededor de la plaza del Raspall hallaron inspiración los pinceles de Nonell. Nacionalidad homologada más allá de toda sospecha.

En un encomiable artículo titulado La rumba catalana y yo, Xavier Patricio, Gato Pérez, sintetizó con galanura, precisión y poética la génesis de la cosa: "... Supe que los gitanos llevaban doscientos años en Gràcia, Hostafrancs y El Portal -calle de la Cera, cuna de Peret y Los Amaya- y que, de siempre, habían hecho una música orgullosa de sus orígenes. Y aprendí esa historia de boca de un gitano desterrado de Murcia, que con él había traído a La Barceloneta el garrotín y los tanguillos, y me dijeron que había fundado una dinastía de guitarristas apodados los Pescadillas, que habían cruzado el fllamenco levantino con la música cubana gracias a los marineros caribeños que recalaban en La Planxeta del puerto de La Barceloneta. Y que en el Charco de la Pava de la calle Escudellers, el Legañas y el Pescadilla dejaron fecundar sus guitarras por el güiro y el bongó, y que a ese potaje llamaron rumba catalana, y que Carmen Amaya, del Somorrostro, la paseó por todo el planeta". Así lo describe y vive Gato Pérez, creador avezado a pegar el oído en el asfalto, detector y remodelador de la rumba calí.

Rumba Catalana El Pescailla

No obstante, y así lo advertíamos al principio, hay que tener fina la antena para captar la emisión. De lo contrario, distancia e interferencias pueden provocar fantasiosas alucinaciones. Una mente tan preclara y erudita como la de Joan Fuster pasa de refilón sobre el tema en su opúsculo Ara o mai, donde postula que un obstáculo esencial para una implantación social seria de la cançó es el cultivo desde la propia Barcelona de una canción española andaluzoide, y remacha que "se ha llegado a codificar una rumba catalana de remotísimo aire gitano". Pues nada más lejos de la realidad. Es un preclaro caso de los que se zanjan al grito de "¡Radio Tudela pa'l que la coja!".

Se cuenta que Manuel González, el Chindo, llegó a Barcelona a principios de siglo desde su Murcia natal. Se instaló en La Barceloneta como vendedor de pescado, actividad que simultaneaba con la de guitarrista en ciertos tablados del Casc Antic y de la Rambla. Su hijo, Antonio González, fue el primero en recibir el apodo de Pescadilla, bien acorde con las actividades que realizaba la familia. Cuenta también la historia (y aquí la expresión no es un recurso retórico, sinó la más ajustada a una historia ineludiblemente oral) que el primer Pescadilla conoció a la que había de ser madre de sus hijos en una de sus actuaciones como guitarrista en la antigua villa de Gràcia.

Antonio González y Antonia Batista, vecina de la calle Fraternitat, matrimoniaron (alrededor de 1920), fijaron su residencia en Gràcia y allí nacieron sus cinco hijos. Sólo de salvó del gusanillo activo de la música la hembra, Pepita, pero los cuatro varones iban a seguir, y con holgura, la pauta trazada por padre y abuelo. Los González Batista -Manuel y Baldomero (l'onclo Mero), ya fallecidos, Antonio (Pescadilla) i Joan (l'onclo Polla)- iban a desempeñar un papel seminal en la gestación de la rumba catalana.

Los dos Pescadillas, padre e hijo, los Antonios, pasaban las noches tocando en una bodega de la calle Escudellers, el actual New York, por entonces el celebérrimo Charco de la Pava. No parece descabellado suponer que ahí empezaron a soplar con fuerza los aires cubanos sobre las guitarras gitanas del país. Por lo demás, quede contradictoria constancia de que para los gitanos viejos de Gràcia fue el Polla, Joan González, el inventor del patrón rítmico base que define y diferencia la rumba catalana: el ventilador. Según reza otra inspirada síntesis de Gato Pérez:

ese truco tan ingenioso
y de fácil ejecución
que junta en la guitarra
la armonía y la percusión.

Se coge un rumbero ventilador, se le añaden palmas y bongó, y ya está en marcha un arrebatador y generalizado desmelene en el que prevalece siempre la jocundia frente a la tragedia (a las antípodas existenciales de la rumba suburbial madrileña, esposada inexorablemente entre el chute y el talego, el desengaño y la traición). Esa rumba catalana, alegre de espíritu y cuerpo, no ha cesado de fluir por el subsuelo barcelonés desde mediados de los cuarenta. A esa rumba catalana le dieron cadera y desplante los González.

La família González desplegó una extraordinaria actividad durante la década de los cuarenta y principios de los cincuenta. Los dos Pescadillas se trasladaron a Madrid para debutar en el Teatro de la Comedia, momento en el que truecan temporalmente sus apodos artísticos: el padre pasa a ser conocido como el Legañas; el hijo, como Aíto. El Legañas se enrola en el cuadro flamenco de Manolo Caracol. Aíto funda, junto a su hermano Joan, el grupo Los Ponchos, con repertorio latinoamericano. Manuel, el mayor de los hermanos, funda por su lado Brisas, en la línea de otras formaciones de la época como los Guacamayos, Los Panchos, el Trío Guadalajara. En 1957 Antonio González contrae matrimonio con Lola Flores (la Faraona) y abandona para siempre el abrigo de Gràcia. Pero por entonces la rumba catalana, en su primera encarnación, ya se ha pateado innumerables escenarios del mundo y posee un articulado repertorio básico perseguible en la docena de álbumes que Pescadilla II y l'onclo Polla grabaron para el sello Belter.

Después de diez años encerrada en el gueto gitano barcelonés, de ser estrictamente interpretada en fiestas internas o en bares como El Salchicón de la calle de la Cera o el desaparecido Petxina de Gràcia, la rumba catalana saltará a la fama popular de la mano de un gitano mataronés, el rey Peret. El sello Discophon se encarga de apostar a su favor y de cortar el jugoso cupón de dividendos. Estamos en la época dorada del género.

El repertorio de los primeros elepés de Peret se compone de una brillante amalgama entre clásicos caribeños y majaradas de creación propia que bordean la sublimidad. Discophon, el sello que le ha descubierto y lanzado, "una suerte de Tamla Motown rumbera" en enjundiosa definición del novelista y polígrafo Marcos Ordóñez, contrata los saberes musicales de una serie de músicos del país que han hecho más cruceros por el Caribe que los soplagaitas de Vacaciones en el mar (Chupi padre, Miralles, Papà Cunill), les encarga tareas de producción artística y desvela una constelación rumbera de primera magnitud: Moncho y su Wawancó gitano (sublime sin paliativos), Chacho, Teresiya, el Gitano Portugués, el Noi, la Marelu. Entre uno y otros llevarán el patrón básico de la fresca rumba de aquí a todos los rincones del estado, a las discotecas de media Europa, e incluso al churrigueresco embolado que atiende por festival de Eurovisión.

Pero hay otros recién emergidos que atacan con fuerza. Sin ir más lejos, los hermanos Pepe y Delfín Amaya. Su aparición tiene lugar en un mercado vivo y consolidado, hasta tal punto que quien les ofrece contrato de grabación no es un sello marginal o dedicado a géneros más o menos patrióticos (entiéndase el término con la carga semántica que arrastraba antes de morir el dictador), sinó una sólida discográfica multinacional, EMI. Los Amaya, procedentes como Pere Calaf del asentamiento gitano de la calle de la Cera, se proponen dar un par o tres de vueltas más al torno, de modo que junto a temas propios y las consabidas adaptaciones de otros materiales de origen caribeño (de Mon Rivera, por ejemplo), osan insuflar aires rumberos a obras tan alejadas de ese patrón como las de Ennio Morricone o los mismísimos Doors. Abracadabrante. Y por aquello tan socorrido de que hay quienes se apuntan incluso a un bombardeo, la tan peripuesta como displicente CBS llega incluso a comercializar la única obra discográfica publicada por Chango, que llevaría por título La rumba y la marcha.

Peret es el cabeza de filas indiscutible, se le llama el rey, con él y para él trabatan todos los payos con sabor, los que han vivido de cerca esta veta afrocubana tan cara a Barcelona.

Una vez puestos en marcha los setenta, la segunda generación de rumberos catalanes, la triunfante, inicia un firme y continuado retorno a las catacumbas. Vuelven a sus consetudinarios negocios. La cierto es que logran ganarse mucho mejor la vida con sus compraventas de antigüedades y tejidos que con las esporádicas actuaciones que logran contratar. La fiebre rumbera ha remitido entre las masas populares. Por otro lado, las minorías pensantes (marginales acratizantes al margen) siempre la habían contemplado con menosprecio, y llegada la crisis ya no hay ningún motivo para dejar de calificarla abiertamente como mera y rotunda horterada. Y la rumba vuelve a cerrarse sobre si misma, a servir de banda sonora a bodas y fiestas gitanas. La rumba catalana ha desaparecido de la vida pública con otro requiebro guadianesco. O casi.

En los años del repliegue tan sólo siguen actuando en público Peret y el Noi, si bien esporádicamente, y lo que el común califica de rumba (sin adjetivos) traslada su epicentro a Madrid y substituye el aire caribeño por un guiño pop suavemente electrificado. Aún y así, la rumba catalana logra mantener inexpugnable el reducto creativo graciense. De ese vivero es de donde surgen nuevos artistas como Agustín Abellán Malla (Chango), su hermano, Francisco Abellán Malla (Sisquetó), Enrique Malla (el hijo de la China) o Antonio el Burrito.

Para no desentonar con el signo de los tiempos la obra de todo ese puñado de artistas aparece, cuando se llega a grabar, en sellos de aire clandestino y alcances limitadísimos. El nuevo costo rumbero circula embalado en cassettes de marca bien poco prestigiosa -Horus, Seven, Galax- y no hay modo de catarlo si no es por azar y rastreo en encantes, mercadillos suburbiales y abrevaderos de carretera. Una autèntica epopeya, pero quienes hayan escuchado alguna de las dos cintas grabadas por Sisquetó para Seven, o las otras tantas del combo Salsa Gitana para el mismo sello, saben que esconden oro en barras, que cabe dar por muy bien empleados los cuantiosos esfuerzos encaminados a su busca y captura.

Salsa Gitana es una de las cosas musicalmente más serias que ha dado Barcelona durante la última década. Su vida, breve y fantasmal; su obra, canela pura y perenne. Salsa Gitana se articulaba en torno a Enrique Malla y Antonio Jiménez. El suplemento de cubanidad lo ponía Mayito Fernández (otrora pianista de las bandas de Tito Rodríguez y Rafael Cortijo), y completaban el arrasador combo el congosero Ricardo Batista Tarragona, el bongosero Manolo González Patata (sobrino y nieto de Pescadillas), Toni Díaz Nabo y el bajista Xavi García. Por desgracia, a Salsa Gitana le sucedió aquello de aparecer en el peor momento y en el más inadecuado lugar, de manera que finó en olor de desconocimiento a pesar de habernos legado perlas del calibre que ostenta su versión del Hey eclesiástico.

Patata y Tarragona, puros alevines en aquellos días, han sido los encargados de aglutinar la hasta el momento última hornada de rumberos barceloneses. Ahora mismo les tenemos ejerciendo de mayores (si bien sus edades respectivas son de 28 y 24 años), entre otras varias causas por la deserción de quienes les correspondería serlo por calendario. Los caminos del Señor son infinitos, y desde hace unos pocos años ahí tenemos a Chango, al Sisquetó, a el hijo de la China o al mismísimo rey Peret entregados en cuerpo y alma, en vida y arte, al Evangelismo Bautista Pentecostal de Filadelfia (una picante descripción del fenómeno, tan jocosa como veraz, es el tema de una de las últimas canciones grabadas por Gato Pérez, El primo Vicente).
Pero, a lo que íbamos: Patata y Tarragona son en este momento el eje de las prometedoras Estrellas de Gracia. La sangre nueva la aportan Chino Granados, Jumitus del Pichón y Juanito Abellán Calabuig a las voces (22, 21 y 17 años respectivamente) y Ramón del Pichón en funciones de ventilador. La formación base se completa de nuevo con un bajista payo, Ángel Blázquez, si bien emparentado por matrimonio con el pueblo caló; su impronta musical es decisiva para el pulso rítmico de las Estrellas gracienses. A ese núcleo básico se adhieren eventualmente otras varias almas rumberas, de modo preemimente las de los teclistas Chupi hijo y Xavier Ibáñez, y pueden acabar siendo ciento y la madre sobre el escenario. Tal como reza el nombre artístico, una suerte de Fania made in Gràcia.

El 25 de septiembre de 1987 las Estrellas tuvieron su gran envite, una puesta de largo por todo lo alto, en la mismísima plaza de Sant Jaume y junto a los míticos abuelos, a los creadores del género, l'onclo Polla y Pescadilla hijo. Esa noche pisaron también el escenario los Chipén, los herederos del tumbao de la calle de la Cera. Y a fe que fue una gran fiesta para la rumba, un hito para la música popular gestada en Barcelona sobre el que la opinión autorizada pasó, salvo excepciones tan puntuales como honrosísimas. Estrellas de Gracia acaba de sacar al mercado su primer elepé, Sangre (GBBS Records). El segundo de los Chipén para Horus, Pasmao, apareció en junio de 1987 y ha recibido una excelente acogida en su circuito natural. Gato Pérez sigue en sus funciones de entregado demiurgo, y sigue soñando en que algún día será guapa realidad una escudería musical bautizada con el castizo nombre de Burú Bajaní (en caló, Tormenta sobre Barcelona), "algo así como una Fania All Stars que mezcle rumberos y caribeños, guitarras españolas y eléctricas, rock, rumba, salsa, con una fuerte sección de vientos. Estoy convencido de que arrasaría, que haría honor a su nombre". Y yo casi también lo estoy.

¿Casi? Verá usted, no está el horno para muchos bollos. De momento, lo innegabnle es que la nueva rumba, los Estrellas, el Boi Tronics (rapper gitano de Mataró), Jumitus Tutupà (apenas diez años bajo los que se adivina la rumba del 2001), intemporales incunables tales que el genial Tio Paló, una constelación de muy sólidos valores, sólo sigue asomando su alegre rostro en fuestas calorras y en los entrañables locales de la Unió Gitana de Gràcia cada 15 días aproximadamente. Pero algo debe tener el agua cuando la bendicen. No me explico, de lo contrario, que el poeta Enric Casassas tenga abierto su dossier sobre el tema y viva intensas clases prácticas del mismo desde su tejadillo amansado de la calle del Perill, a medio tiro de piedra de la plaza del Raspall. Ni que por la mentada Unió Gitana de Gràcia -cuyos destinos tan bien rige la mano firme y amiga de l'onclo Manolet- suelan dejarse caer, viernes sí viernes no, mentes tan claras y oídos tan finos como los de Big Marcos, Jango Casavella, Ragnampiza, Tronat Putx o el Paio Prat. Algo pasa ahí. Gato sigue intentando ligar la salsa. ¿Cuando se ventilará otra vez la obra de los creadores del ventilador?


Publicat a "Barcelona Metròpolis Mediterrània" (núm. 9, tardor de 1988)

http://www.geocities.com/nasdemico/musiques-mbf-guadiana.html

 

 

Comentarios

bernardo rodriguez el 28/03/2008 a las 09:42 comentó:

Recuerdos de mi padre sisquetó se llama eduardo rodriguez (chiki) vivia en el somorostro!!!!porsupuesto de barcelona


DAVID el 25/05/2008 a las 19:46 comentó:

OLA SOY UN GITANITO DE ZARAGOZA Y KIERO CONOCER ALA MARELU ME AN DICHO KE VIVE EN BARCELONA PERO NOSE NADA MAS DE ELLA SABES SI VA HACER ALGUNA ACTUACION PROXIMA MENTE O ALGUN DATO DE ELLA NO KIERO MORIRME SIN CONOCERLA MANDARME LA INFORMACION AMI CORREO


DAVID el 25/05/2008 a las 19:48 comentó:

OLA SOY UN GITANITO DE ZARAGOZA Y KIERO CONOCER ALA MARELU ME AN DICHO KE VIVE EN BARCELONA PERO NOSE NADA MAS DE ELLA SABES SI VA HACER ALGUNA ACTUACION PROXIMA MENTE O ALGUN DATO DE ELLA NO KIERO MORIRME SIN CONOCERLA MANDARME LA INFORMACION AMI CORREO
MONTARAF@HOTMAIL.COM


anónimo el 28/07/2009 a las 12:05 comentó:

hola a todos los rumberos aviso el grupo estrellas de gracia se a editado en CD el en lace esta. Sangre mp3s, Sangre music downloads, Sangre songs from eMusic.com

un saludo a todos.


anónimo el 16/01/2010 a las 17:39 comentó:

Estrellas de Gracia Presentación oficial de ESTRELLAS DE GRÀCIA (Rumba Catalana con Salsa Gitana) en LUZ DE GAS (Muntaner 246. BCN). Miércoles, 3 de febrero. 21:30 hs. No es un concierto de pago. La entrada es por invitación (x2 personas). Estais todos invitados. Os ruego hagais la solicitud a aroma@gira-sol.org o a estrellasdegracia@hotmail.com Nens i nenes: AIXÒ BRAMA!!!



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